El coronavirus y la Sanación del recuerdo

 

El poder de la MUJER se desvaneció en el tiempo lineal con la desaparición de la Atlántida a causa del abuso de unos seres extraños que llegaron a colonizar esa parte del planeta donde solo había Luz y Amor a raudales y donde la creación se llevaba a cabo en el templo de la Diosa Madre para crear lo mejor para la población.

La belleza y la armonía eran la  pauta creadora y nadie se quedaba sin disfrutar de esa bondad tan sublime donde cada forma era perfecta y sin malicia, porque todo salía de la boca de Dios.

Cuando la Atlántida se vio infectada por ese virus que llegó del extranjero, de algún otro espacio temporal muy diferente en vibración al atlante por su densidad material, el mismo Ser de Luz que había permanecido impoluto sin contaminar, se vio sometido a presión para descender su energía hasta que se dio cuenta de que  no había remedio a su mal y decidió quitarse la vida para volver a comenzar desde cero.

Pero en todo ese proceso, el abuso se convirtió en la fuerza reparadora de la especie que vino a colonizar el mundo actual, porque ese mismo abuso se adueñó de las conciencias de los Seres de Luz y fueron ellos los que decidieron terminar esa relación tan destructiva abandonando el planeta para quedarse esperando sentados en el plano de conciencia superior hasta que la MUJER decidiera por sí misma volver a encarnar en este espacio tiempo lineal dándole al hombre la oportunidad de replegarse a su antigua morada, allí donde no llega la luz del Conocimiento porque la densidad material lo prohíbe.

Esa MUJER es la energía de Luz de la divinidad que todos llevamos dentro como especie atlante que somos, y se retiró a los planos ocultos para enviar desde allí su pena por no ser parte de la experiencia humana en el planeta que quedó después de su partida.  Esa MUJER eres tú en tu  parte luminosa, esa que lucha por llegar a un mundo carente de rumbo con la conciencia disociada por la separación y la que te habla desde dentro si alguna vez has intentado conectar con Dios en el centro de tu pecho, donde se guarda el regalo de Unión para quien está dispuesto a escuchar su palabra.

El recuerdo ancestral de lo que ocurrió en la época atlante sigue vivo en la memoria inconsciente de la Humanidad enviando señales de angustia inespecífica, dolores menstruales a la mujer, recuerdos dolorosos de ausencias y pérdidas  -no solo físicas sino también económicas-, episodios destructivos de contaminación ambiental ,y sobre todo y el más importante, el recuerdo doloroso del abuso indiscriminado en cualquier aspecto de la relación social.

Hoy día estamos de enhorabuena, porque ese recuerdo ancestral tan agresivo que acabó con la Humanidad en su mayor parte haciendo que la MUJER se marchara del planeta, ha salido a la luz gracias al coronavirus, que ocupa el lugar de aquel invasor extranjero de la Atlántida para que la Humanidad dé salida a esa carga tan potente y destructiva que acabaría siendo recordada algún día con un episodio similar.

El miedo se apoderó de la población atlante y ese mismo miedo creaba entidades que se adueñaban de la mente de las personas hasta desencadenar la enfermedad, que por aquel entonces no existía, ya que la MUJER era capaz de sanar cualquier alteración orgánica antes de producirse el desenlace final al cabo de muchos milenios de vida.

El coronavirus hace un recuento de las células que aún siguen dormidas y activa la alarma para que se despierten de su letargo ancestral y puedan volver a empezar en una nueva escala evolutiva más amable y amorosa que la anterior, dominada por la mente patriarcal y el abuso sin medida. Pero si esas células no despiertan y se acurrucan en casa dominadas por el miedo al contagio, el virus se acercará aún más a sus mentes para gritarles con fuerza que ¡ya está bien!, que ha llegado la hora de empezar a vivir la vida sin dolor y sin temor al cambio, que la MUJER está en camino y que su alma pondrá fin a la incertidumbre y a la falta de Amor en el planeta ,y que si no despiertas ahora es muy posible que te quedes dormido hasta la próxima catástrofe mundial que vendrá a buscar a los rezagados.

El dolor forma parte del encierro humano en el cuerpo de luz apagado porque la MUJER no está en él, siendo el hombre quien maneja los vehículos carnales que circulan a ciegas por el planeta en extinción si no ponemos fin a esta película tan dolorosa que se repite a través del tiempo con la Humanidad esclava de sus propios recuerdos no asumidos.

Pero si hoy nos damos cuenta de que estamos a las puertas de una gran Sanación colectiva y le damos gracias a esta pequeña partícula que activa nuestro despertar avivando el recuerdo dormido para que no se vuelva a repetir esta historia y la Humanidad camine libre, el miedo desaparecerá de la mente de quien asuma su recuerdo y lo sacará para siempre de su estructura cerebral.

El poder que se recupera tras una Sanación de estas características, cuando muchas personas vibran en sintonía con el cambio dimensional del planeta, afecta no solo a cada individuo que participa en la Sanación dándole conciencia a la historia sino al conjunto social, dotándolo de nueva vida y estructuras menos agresivas que favorecen la comunicación y la relación interpersonal con generosidad y sin ataduras.

El comienzo de una Nueva Era asoma en el horizonte y hoy deberíamos sentirnos afortunados y llorar de alegría por el cambio inminente que se avecina. Abre la ventana si no puedes salir a la calle y grita tu ¡VIVA LA VIDA!, dejando a un lado el miedo que atenaza tu garganta para que no hables si  estás en desacuerdo con la opinión general y sientes que hay algo que no marcha bien en tu entorno pero no te atreves a manifestarlo.

Y por último, recuerda que todos somos Uno y que el descenso separó el alma humana en dos mitades, exactamente la misma historia que ahora se vive con la separación del hermano por miedo a que te contagie el virus. Toma conciencia de esta realidad y actúa desde dentro enviándole Luz y Amor a tus congéneres aunque no los veas por la calle, porque la Unidad es también un recuerdo que hay que avivar para que se manifieste pronto en el Alma de la Humanidad y en cada persona en particular.

La Luz de la libertad nunca se apaga y siempre queda una chispa de brillo amoroso en la cara y la sonrisa de quien agradece la vida que tiene sabiendo que algún día no muy lejano, la chispa será una llama grande, luminosa e incandescente que sorteará todos los obstáculos para que todo fluya en armonía con la Luz Creadora de Dios, que siempre es, ha sido y será UNO.

Asunción Chavarri

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