La estructura mental y el coronavirus

El coronavirus es una enfermedad mental que afecta al sistema nervioso central dotándolo de energía para alterar el orden establecido con el fin de producir un cambio de actitud en el comportamiento humano ante la desgracia de verse privado de su libertad.

Este argumento  puede parecerte arriesgado  si tienes en cuenta que la mitad de la población está contagiada por esta enfermedad que no tiene ni pies ni cabeza como puedes observar en la imagen. Este virus es una partícula creada artificialmente en un laboratorio subterráneo en algún lugar remoto del espacio tiempo lineal y su única misión es despertar a la Humanidad de su ensueño y brindarle la oportunidad de reconocer su divinidad y su falta de libertad mientras siga actuando como si no existiera un poder superior que todo lo ordena y desordena a su antojo sin contar con su opinión.

¿Eres tú una de esas personas que se ha sentido atacada por el virus? Porque si es así estás de enhorabuena  y ahora es el momento de reconocer tu luz en él, en esa diminuta estrella que anda buscando a quien contagiar para abrirse paso en la estructura mental que ya no se sostiene.

El virus ataca principalmente a la economía, a la iglesia católica, a la enseñanza, a la administración pública, a los recintos sanitarios, a la intolerancia y falta de amor y a todo aquello que resulta difícil de mantener en una sociedad que evoluciona y no se da la mano para ayudarse a desarrollar nuevas formas de vida más acordes con la realidad de una nueva Tierra donde solo brilla la Luz y el Amor entre las personas.

El coronavirus entra en tu cerebro, pero no en el evolucionado como sería de esperar sino en el más ancestral que solo busca comer, beber y saciarse con la energía ajena y recurre al subterfugio de la escasez para almacenar cosas sin sentido como el papel higiénico que no sirve más que para limpiarse de tanta inmundicia acumulada durante eras de maltrato innato sin saberlo.

El virus que atropella la mente humana en este día coloca a cada uno en su sitio, preguntándole por dentro dónde quiere estar, si en el estado reptiliano de supervivencia programada para alejarte más de tu centro espiritual o fuera del rebaño para animarte a evolucionar y dar pasos de gigante para ordenar tu vida desde dentro como corresponde a un Ser que solo busca su libertad.

Atrévete a soltar tu estructura mental obsoleta y arriésgate a conectar con la nueva vida que hay detrás de este virus agradeciéndole su presencia en la Humanidad como si fuera un gran regalo que viene a traer paz y estabilidad al planeta si cada uno asume su parte de responsabilidad en la contaminación ambiental.

¿O es que la Tierra no se contamina con tu presencia dañina cuando la agredes con tanta suciedad mental y críticas absurdas sobre el comportamiento ajeno además de los residuos que no sabes dónde defecar? Y ahora yo te pregunto, ¿quién es aquí el virus? ¿Por qué te separas de tu hermano como si fuera un apestado y no le das la mano por temor al contagio? ¿Y por qué haces todo lo posible para que la tarjeta de crédito sea tu medio de pago privándole al mundo de la luz del dinero como si la misma luz fuera el virus? El oro espiritual tiene su reflejo en la luz del oro material y si obedeces la orden de que desaparezca de tu estructura mental, difícilmente podrás lograr la libertad económica y mucha gente quedará sin alimento tanto físico como espiritual.

Y ahora mismo te quedas encerrado en tu casa sin poder salir por designio gubernamental. ¿A quién le das tu poder hermano? ¿Es tu deseo real encerrarte a ver la televisión o prefieres salir a respirar la luz solar para tomarte un café en el bar de la esquina? Ah! se me olvidaba, es que ahora tampoco hay bares y cafeterías abiertos y te tienes que limitar al encierro.

“Que venga Dios y lo vea”, se dice por ahí cuando algo no marcha bien. Pues si Dios lo ve estaría muy de acuerdo en que despiertes de una vez y abras los ojos al encierro de tu alma en la materia y te propongas abrir la ventana para que la luz que llevas dentro se manifieste de una vez sin miedos ni rencores ocultos hacia el que te contamina, que siempre serás tú mismo disfrazado de coronavirus que te dice al oído: “hermano, mírate hacia dentro en tu divinidad y deja de sufrir consecuencias innecesarias por el comportamiento abusivo de la Humanidad, y sobre todo mírame a mí a la cara, de frente, sin desviar tu mirada, porque tú y yo somos Uno y nadie nunca nos podrá separar”.

La realidad virtual se marchita a golpe de bayoneta y fusil para quien no está en la Red Crística de Unidad y hace lo posible por vivir esta experiencia con total lucidez mental para evitar el contagio por el miedo. Asómate a la ventana mujer, porque es la mujer la que te habla en este relato, la que no tiene miedo a nada, la que te habla desde dentro de su encierro dimensional para que conozcas la verdad sobre el coronavirus, que ha venido a ayudarla a salir para que la Humanidad vuelva a sentir que es libre y feliz y que el hombre torpe y agresivo que solo sabe crear situaciones conflictivas en el planeta ya no tiene cabida en él.

Y para que no haya error o confusión con mis palabras, tengo que aclarar que la mujer en este caso es la luz que llevas dentro y habla a todos por igual y el hombre es la sanación que se manifiesta con agresividad, suciedad y polvo acumulado de siglos de incoherencia donde no ha brillado la luz del Amor porque la ocultaba el dolor.

Celebra esta energía tan amorosa que te acompaña de cara al cambio de estación en la que la Gran Madre se viste de luz y color con trinos de pájaros por doquier y alegría sin fin en su renacer. Y acompáñala tú a Ella también agradeciendo la posibilidad que te brinda el coronavirus para romper tu cerebro obsoleto lleno de prejuicios y difamaciones para empezar a amar a tu hermano de aquí, de allí, de dónde sea, porque las máscaras se quiebran y las caras de luz resplandecen cuando te encuentras contigo mismo fuera de peligro por haber superado la enfermedad de la separación.

Asunción Chavarri

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